Ciudad de México, mayo de 2026. — En redes sociales, el perfil público Carlos Ramírez Oficial ha difundido diversas publicaciones con mensajes de odio hostiles contra personas LGBTIQ+, feminismos, infancias trans y expresiones artísticas vinculadas a la diversidad sexual y de género. En varias de sus publicaciones se observa una narrativa que asocia de manera reiterada a las personas LGBTIQ+ con “corrupción”, “adoctrinamiento” o “riesgo para la niñez”, expresiones que históricamente han sido utilizadas para justificar discriminación, censura y violencia simbólica contra estas poblaciones.

La polémica más reciente surgió luego de que Ramírez anunciara posibles acciones legales contra la presentación de “La Draga de los Barrios”, una exposición y performance programada en FARO Aragón para el 31 de mayo de 2026, de acuerdo con la cartelera pública de la Ciudad de México. La actividad aparece registrada como un evento cultural gratuito dentro de la programación oficial del recinto.

En una publicación difundida en Facebook, Ramírez acusó al Gobierno de la Ciudad de México y a la Secretaría de Cultura de financiar con recursos públicos un espectáculo que, según él, “ridiculiza lo sagrado” y “expone a menores de edad a contenidos ideológicos”. También señaló que presentaría acciones legales a través de la Federación Mexicana de Abogados Católicos.

Sin embargo, el contraste resulta evidente: mientras exige censura o sanciones contra una obra artística, el mismo perfil ha difundido imágenes y mensajes que estigmatizan a personas trans, infancias trans, juventudes LGBTIQ+ y expresiones feministas. En las capturas compartidas se observan publicaciones que utilizan frases como “corrupción de menores”, “adoctrinamiento LGBT” o burlas hacia identidades y expresiones de género diversas.

Este tipo de discursos no son simples opiniones . Cuando una figura pública coloca a las personas LGBTIQ+ como amenaza social, sexualiza sus existencias o vincula sus derechos con delitos, contribuye a un clima de hostilidad que puede traducirse en discriminación, exclusión y violencia.

La libertad religiosa y la libertad de expresión son derechos fundamentales, pero no pueden utilizarse como herramienta para perseguir,odiar a otros grupos, censurar o deshumanizar a otras personas. En una sociedad democrática, el arte también incomoda, cuestiona y abre conversación. La respuesta frente a una obra artística no debe ser la amenaza legal ni el pánico moral, sino el debate público informado y respetuoso.

“La Draga de los Barrios” desde 2024 se ha presentado como un proyecto cultural que busca visibilizar expresiones drag y abrir espacios para la creación escénica, el maquillaje, el vestuario, el performance y la cultura del High Energy.

Lo preocupante no es que existan personas en desacuerdo con una obra artística. Lo preocupante es que desde discursos religiosos o ultraconservadores se intente convertir ese desacuerdo en persecución contra artistas, personas LGBTIQ+ y espacios culturales públicos.

En un país donde la población LGBTIQ+ sigue enfrentando violencia, discriminación y crímenes de odio, es indispensable cuestionar los mensajes que, bajo la bandera de la moral o la fe, terminan alimentando prejuicios. Defender la libertad religiosa no debe significar atacar la dignidad de quienes piensan, aman, viven o se expresan distinto.

El arte no necesita pedir permiso para existir. Las personas LGBTIQ+ tampoco

Visitas: 13

Foto del avatar

Por Jazz Bustamante H.

Es una mujer transgenero,Activista social, ambientalista, política y periodista digital mexicana, actualmente laborando como voluntaria en diversas organizaciones de caridad en Canadá apoyando migrantes y personas LGBTIQ+.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *