Zafar Padamsee Mawani y Guillermo Jaffet Hidalgo Ortiz, pareja gay con doble nacionalidad mexicana-estadounidense, desaparecieron el 20 de mayo tras acudir a una cita relacionada con la instalación de un elevador. Semanas después, sus cuerpos habrían sido localizados en una fosa clandestina en La Marquesa. Su caso debe investigarse con perspectiva de diversidad sexual, no como una cifra más de violencia.

Cuando amar también puede convertirse en una vulnerabilidad

Zafar Padamsee Mawani, de 56 años, y Guillermo Jaffet Hidalgo Ortiz, de 57, no eran una estadística. Eran una pareja, una familia, dos hombres que habían construido una vida juntos y que, según informes periodísticos, vivían entre Chicago y México. Su historia, hoy atravesada por la desaparición y la muerte, exhibe una herida que México insiste en no mirar de frente: la violencia contra personas LGBT+ no ocurre en el vacío, ocurre en un país donde la impunidad se volvió costumbre y donde la orientación sexual puede convertirse en factor de riesgo.

De acuerdo con medios nacionales, Zafar y Guillermo desaparecieron el 20 de mayo de 2026 después de salir de su domicilio en Huixquilucan rumbo a la alcaldía Tlalpan, en la Ciudad de México. La cita, según información compartida por familiares y amistades, estaba relacionada con la compra e instalación de un elevador o silla elevadora para facilitar el cuidado de la madre de Zafar, quien padece alzhéimer.

La pareja habría enviado su ubicación en tiempo real como medida de precaución. Poco después, la comunicación se perdió. Los teléfonos celulares fueron apagados y, de acuerdo con informes, posteriormente se detectaron movimientos financieros inusuales en sus cuentas.

La desaparición que terminó en La Marquesa

Casi un mes después, autoridades y medios reportaron el hallazgo de cuerpos en una fosa clandestina en la zona de La Marquesa, en el municipio de Ocoyoacac, Estado de México. El operativo fue relacionado con la búsqueda de Zafar y Guillermo. Medios como El País señalaron que los cuerpos de la pareja fueron hallados junto con otros dos cuerpos, aunque las autoridades forenses continuaron con el proceso de identificación oficial.

Milenio informó que la pareja habría sido localizada sin vida en una fosa clandestina detrás de una cabaña en la zona de Ocoyoacac, y que una persona cercana a Guillermo confirmó públicamente que los cuerpos correspondían a ellos. Sin embargo, ante la gravedad del caso, es indispensable exigir información oficial, dictámenes periciales claros y una investigación que no cierre apresuradamente líneas de análisis.

El Universal informó que en el hallazgo fueron localizados cuatro cuerpos —tres hombres y una mujer— con signos de violencia. Esa información obliga a mirar el caso más allá del expediente aislado: no se trata únicamente de una desaparición, sino de un posible entramado criminal que operó con violencia, engaño y abandono institucional.

No basta con decir “pareja estadounidense”

Reducir a Zafar y Guillermo a “dos extranjeros desaparecidos” borra una parte central de su historia. Eran una pareja gay. Eran dos hombres que compartían vida, afectos, proyectos y cuidados. Nombrarlos como pareja LGBT+ no es morbo ni etiqueta innecesaria: es reconocer que en México las personas LGBT+ enfrentan violencias específicas, muchas veces invisibilizadas por fiscales, medios y autoridades.

Hasta ahora, no hay información pública suficiente para afirmar oficialmente que el móvil del crimen haya sido el odio por orientación sexual. Pero precisamente por eso, las autoridades están obligadas a investigarlo con perspectiva de diversidad sexual, bajo el principio de debida diligencia. En casos donde las víctimas pertenecen a una población históricamente discriminada, descartar el prejuicio sin investigarlo también es una forma de impunidad.

El Estado mexicano no puede seguir tratando los crímenes contra personas LGBT+ como hechos “neutros”, “aislados” o “sin contexto”. La violencia contra parejas del mismo sexo, personas trans, personas no binarias y disidencias sexuales debe analizarse con enfoque diferenciado, porque la discriminación también mata, también desaparece, también entierra cuerpos en fosas.

Una historia de amor convertida en expediente.

Zafar y Guillermo se habían mudado desde Chicago a México para atender asuntos familiares. La razón de su visita no era extraordinaria: cuidar, acompañar, resolver necesidades domésticas, proteger a una madre enferma. Ese detalle duele profundamente porque revela la brutalidad de lo cotidiano: salieron a resolver algo para cuidar a alguien más y nunca regresaron.

La violencia les arrebató la posibilidad de volver a casa. La impunidad intenta arrebatarles algo más: el derecho a ser nombrados con dignidad.

Sus nombres deben quedar escritos completos:

Zafar Padamsee Mawani.
Guillermo Jaffet Hidalgo Ortiz.

No “los cuerpos”. No “la pareja extranjera”. No “el caso viral”. Eran personas. Eran pareja. Eran comunidad.

Lo que deben responder las autoridades

Este caso exige respuestas de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México y de las autoridades federales competentes. La investigación debe aclarar, por lo menos:

  1. ¿Quiénes citaron a Zafar y Guillermo y con qué identidad se presentó?
  2. ¿Qué empresa, supuestos contratistas o intermediarios estuvieron involucrados?
  3. ¿Qué ocurrió durante el trayecto desde Huixquilucan/Tlalpan hacia la zona donde se perdió comunicación?
  4. ¿Quién realizó los movimientos financieros posteriores a la desaparición?
  5. ¿Por qué hubo un lapso tan largo entre la desaparición y el hallazgo?
  6. ¿Se está investigando el caso con perspectiva de diversidad sexual y posible crimen de odio?
  7. ¿Qué medidas de protección y acompañamiento reciben las familias y amistades de las víctimas?

La exigencia no es simbólica. Es jurídica, política y humana: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

Nombrarlos también es resistir

En el mes del Orgullo, mientras gobiernos, marcas y empresas pintan sus logos de arcoíris, Zafar y Guillermo nos recuerdan que no hay Orgullo posible sin justicia. No hay orgullo real mientras las parejas LGBT+ siguen siendo desaparecidas, asesinadas y abandonadas por instituciones que reaccionan tarde o reaccionan mal.

La comunidad LGBT+ no necesita discursos oficiales vacíos. Necesita fiscales que investiguen, gobiernos que protejan, medios que no borren identidades y una sociedad que entienda que el odio no siempre grita: a veces se disfraza de negocio, de cita, de servicio, de normalidad.

Zafar y Guillermo merecen justicia.
Sus familias merecen la verdad.
La comunidad LGBT+ merece vivir sin miedo.

Y México merece dejar de ser un país donde amar también puede costar la vida.

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Por Jazz Bustamante H.

Es una mujer transgenero,Activista social, ambientalista, política y periodista digital mexicana, actualmente laborando como voluntaria en diversas organizaciones de caridad en Canadá apoyando migrantes y personas LGBTIQ+.

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