Durante años, los discursos de odio han intentado vincular a las personas trans con narrativas falsas sobre abuso, “corrupción moral” o peligros inexistentes para la infancia. Estas acusaciones no solo carecen de sustento científico y jurídico, sino que cumplen una función clara: desviar la atención de los verdaderos agresores y estructuras de poder que históricamente han perpetrado violencia sexual y explotación.

El caso de Jeffrey Epstein es un ejemplo doloroso de esta dinámica. Epstein fue investigado y procesado por delitos graves de abuso y explotación sexual, principalmente contra niñas y adolescentes. Sin embargo, en el debate público y en redes sociales, su figura ha sido utilizada para alimentar teorías conspirativas que instrumentalizan a las personas trans como chivo expiatorio, reproduciendo estigmas y desinformación.

Lo que muestran los documentos y lo que no

Hace un par de días comenzaron a circular capturas de correos y textos atribuidos al entorno de Epstein con lenguaje misógino, fetichizante y deshumanizante hacia mujeres trans. Estos materiales, lejos de “probar” una supuesta agenda trans, ya que hay un diálogo con un prominente biólogo que invitó a uno de sus muchos eventos de filantropía a las que alcudia y organizaba para esconder sus perversiones contra menores, donde en el mensaje se refirió a las mujeres trans como lo mejor de dos mundos,evidencian una lógica de cosificación y abuso propia de redes de explotación sexual, donde los cuerpos especialmente los de mujeres, niñas y poblaciones históricamente marginadas como las mujeres trans son tratados como objetos.

Es fundamental subrayar algo con claridad periodística

  • No existe evidencia científica ni jurídica que vincule a las personas trans, ni a los procesos de afirmación de género, con redes de abuso sexual infantil.
  • Las afirmaciones que hablan de “inyecciones hormonales a bebés” o prácticas sistemáticas de tortura asociadas a identidades trans no están sustentadas en investigaciones serias y suelen provenir de campañas de desinformación que buscan provocar pánico moral, provenientes de grupos de fanatismo religioso y la ultraderecha ideologica.

Con este último compendio de archivos que hicieron públicos autoridades estadounidenses  una de las primeras personas que intentó denunciar públicamente a Epstein fue una mujer trans, quien fue ridiculizada y desacreditada por medios y actores públicos. Este patrón no es nuevo: cuando las víctimas pertenecen a poblaciones trans o queer, la credibilidad se les niega, el foco se desplaza y la violencia se reproduce a través del descrédito.

Defender la dignidad también es prevenir

La dignidad de las personas trans no es negociable ni instrumentalizable. Usar casos de violencia real para promover odio contra una población específica no protege a las infancia, la pone en mayor riesgo al desviar la atención de los verdaderos agresores que son hombres y mujeres blancos, millonarios quienes se mueven en círculos de total impunidad, usar a las mujeres trans de su bulo y chivo expiatorio es parte del proceso de la ultraderecha y fanatismos religiosos que legitiman individuos pedofilos y corruptos  como Jeffrey Epstein, Donald Trump,Ghislaine Maxwell.

Defender los derechos de las personas trans es, también, defender una sociedad que cree a las víctimas, que investiga con rigor y que previene la violencia desde la justicia, no desde el prejuicio.

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Por admin

Es una mujer transgenero Activista social, ambientalista, política y periodista digital mexicana, actualmente laborando como voluntaria en diversas organizaciones de caridad en Canadá apoyando migrantes y personas LGBTIQ+.

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