¿Se acabaron los abrazos?

La mañana del 22 de febrero de 2026, México amaneció con la inesperada noticia de que el líder del CJNG había sido abatido durante un operativo encabezado por el gobierno mexicano. El asombro no terminó ahí: una ola de violencia comenzó a sacudir, en primera instancia, al estado de Jalisco, donde se llevó a cabo la operación.

Ciudades como Puerto Vallarta quedaron paralizadas ante la sorpresa de turistas y connacionales, al ver cómo el caos irrumpía en las que solían ser calles alegres y tranquilas. Mientras tanto, Guadalajara fue escenario de narcobloqueos y enfrentamientos entre sicarios y elementos de la Guardia Nacional.

La inestabilidad se expandió con rapidez hacia otros estados donde la presencia del cártel era indiscutible, generando una sensación generalizada de incertidumbre. No era para menos: desde el llamado “culiacanazo” de 2019 no se presenciaba una jornada de tal magnitud.

Las redes sociales se inundaron de información, imágenes y videos que documentaban la caída de quien, según Forbes, era considerado el narcotraficante más poderoso del mundo. De recolector de aguacate en su natal Michoacán, migró a Estados Unidos, donde purgó una condena por tráfico de estupefacientes, para luego regresar a México y consolidar uno de los imperios criminales más extendidos del planeta, con presencia en más de 65 países y en los cinco continentes.

Su poder no solo se cimentó en el tráfico de drogas sintéticas, sino en la diversificación de actividades ilícitas: redes de lavado de dinero, bienes raíces, huachicoleo y otros esquemas financieros que fortalecieron su estructura. Ello lo convirtió en un objetivo prioritario para las autoridades mexicanas y, de manera especial, para Estados Unidos, donde era reclamado como una pieza estratégica en la lucha contra el narcotráfico.

La jornada violenta vivida en México podría marcar un punto de quiebre: el eventual fin de la era de los “abrazos, no balazos”, lema impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Su sexenio fue señalado por diversos sectores como el más sangriento en la historia contemporánea del país. La presidenta Claudia Sheinbaum difícilmente podía sostener la misma narrativa ante la presión internacional, particularmente de Estados Unidos, en un contexto marcado por tensiones comerciales y la próxima revisión del T-MEC.

La caída del líder del CJNG representa, sin duda, un hecho trascendental. Se atribuye al trabajo coordinado del Ejército mexicano, del secretario de Seguridad Omar García Harfuch, de la propia presidenta Sheinbaum y, según informó la Casa Blanca, también a la colaboración en inteligencia por parte del gobierno de Donald Trump.

La pregunta de fondo es inevitable: ¿cuánto tardará el CJNG en reorganizarse bajo un nuevo liderazgo? ¿Qué nivel de fragmentación interna se generará? ¿Y cuál será el costo social y político que pagará México durante ese proceso?

Las demostraciones de fuerza —bloqueos, incendios y violencia extendida en más de veinte estados— no solo son una reacción: constituyen un mensaje. Son la carta de presentación de quienes buscarán encabezar lo que hoy puede considerarse una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo. El desenlace de esta nueva etapa aún es incierto, pero su impacto ya es innegable.

Todas las opiniones expuestas en esta columna de opinión son responsabilidad del autor.

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Por miguel Angel Llinas Gonzales

Miguel Ángel Llinás González es un,escritor, poeta y activista veracruzano actual director de la asociación civil Soy Humano, dedicada a la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+ en el estado de Veracruz Mexico.

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