Ciudad de México, 9 de mayo de 2026. — La visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, terminó envuelta en una fuerte polémica política y social en México. Lo que inicialmente fue presentado como una gira institucional para fortalecer vínculos económicos, turísticos y culturales entre Madrid y México derivó en críticas, protestas, abucheos y finalmente en la cancelación de parte de su agenda.
La controversia se intensificó luego de que Ayuso participara en actividades vinculadas a la reivindicación de figuras como Hernán Cortés e Isabel la Católica, en un contexto donde amplios sectores sociales, académicos e indígenas cuestionan la romantización de la Conquista y del colonialismo español. Medios españoles reportaron que durante su viaje hubo protestas y abucheos, particularmente en torno a sus declaraciones y actos relacionados con la llamada “hispanidad”. RTVE señaló que la gira estuvo marcada por el homenaje a Hernán Cortés, los abucheos recibidos en un acto en Aguascalientes y los choques con el Gobierno mexicano.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, respondió públicamente a la visita y cuestionó la legitimidad política de quienes reivindican a Cortés y las atrocidades de la Conquista. Según reportes de prensa, Sheinbaum afirmó que quienes defienden esa visión colonialista están “destinados a la derrota”, en un discurso donde apeló a la soberanía nacional y a la memoria histórica de México.
La tensión escaló el 8 de mayo, cuando la Comunidad de Madrid informó que Ayuso no acudiría a la gala de los Premios Platino del Cine Iberoamericano, celebrada en la Riviera Maya, y que suspendería la tercera parte de su viaje, prevista en Monterrey. En su comunicado oficial, el Gobierno madrileño acusó al Gobierno mexicano de generar un “clima de boicot” y de supuestamente amenazar con cerrar el complejo donde se realizaría la gala si Ayuso asistía.
Sin embargo, esa versión fue desmentida por el grupo hotelero Xcaret, sede de los Premios Platino. De acuerdo con RTVE, Xcaret negó haber recibido amenazas o instrucciones del Gobierno de México y explicó que solicitó retirar la invitación a Ayuso para evitar que el evento cultural fuera utilizado como plataforma política, debido a sus declaraciones recientes y al carácter político que adquirió su gira.
El País también reportó que Ayuso canceló de forma imprevista el resto de su viaje cuando aún faltaban varios días para su regreso previsto, acusando al Gobierno de Sheinbaum de haber alimentado un boicot en su contra. La misma cobertura recordó que Ayuso ya había generado tensiones previas al calificar a México como “narcoestado” y al compararlo con gobiernos como Cuba o Nicaragua.
La visita ocurrió en un momento delicado para las relaciones entre México y España. Apenas semanas antes, la presidenta Sheinbaum se había reunido con el presidente español Pedro Sánchez en Barcelona, en un intento por recomponer los vínculos bilaterales tras años de tensión por la falta de reconocimiento institucional a los agravios de la Conquista. Reuters informó que ese encuentro marcó la primera visita presidencial mexicana oficial a España en ocho años y abrió una etapa de acercamiento diplomático.
En ese contexto, la presencia de Ayuso fue leída por sectores críticos como una provocación política. No solo por su postura conservadora y cercana a discursos de la derecha española, sino por colocar en el centro del debate una narrativa que minimiza el impacto de la colonización sobre los pueblos originarios. Para organizaciones, activistas y voces críticas, hablar de “mestizaje” sin reconocer violencia, despojo, racismo, evangelización forzada y exterminio histórico implica blanquear una herida que sigue viva en la desigualdad estructural.
La polémica también tuvo repercusiones en España. Partidos de izquierda cuestionaron el viaje y lo calificaron como una acción de “turismo político” pagada con recursos públicos. Cadena SER reportó que Ayuso regresaría a España en medio de una crisis reputacional marcada por abucheos, acusaciones de “vacaciones pagadas” y la retirada de su invitación a los Premios Platino.
Más allá del choque entre gobiernos, el episodio reabrió una discusión profunda: ¿puede una figura política extranjera llegar a México a reivindicar la Conquista sin provocar rechazo social? Para muchas voces, la respuesta fue clara. La memoria histórica no es resentimiento: es una demanda de verdad, justicia y dignidad para los pueblos que fueron sometidos por la violencia colonial.
La cancelación parcial de la gira de Ayuso deja una imagen políticamente incómoda: una dirigente que llegó a México intentando instalar un discurso de “hispanidad” y terminó enfrentando críticas, protestas y una ruptura pública con los organizadores de uno de los eventos culturales más importantes de Iberoamérica.
En México, la herida colonial no es un asunto del pasado. Sigue presente en el racismo, en la discriminación contra pueblos indígenas, en la desigualdad territorial y en las narrativas que todavía intentan presentar la Conquista como una supuesta obra civilizatoria
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