Hay una doble moral que atraviesa buena parte del debate público sobre las mujeres trans. Se nos insulta en tribunas políticas, se nos usa bulo y como chivo expiatorio en campañas electorales, se nos niega dignidad en medios y redes, y al mismo tiempo crece el consumo de contenido explícito protagonizado por personas trans en los mismos contextos sociales que más alimentan el rechazo. No es una contradicción menor, es hipocresía y doble moral en su más amplia mezquindad, y no debemos olvidar estas cifras seres de luz por que son una radiografía clara que detras de cada hater y troll que nos ataca en lo público, nos desea en lo privado, es una radiografía incómoda del deseo reprimido, del morbo convertido en consumo y de la deshumanización convertida en discurso de odio público.

Las cifras más recientes divulgadas con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Trans 2026 por pornhub muestran que el interés por el contenido para adultos con personas trans sigue creciendo. De acuerdo con los datos retomados por Out y Attitude, Alaska encabezó en Estados Unidos el consumo de este tipo de contenido; detrás quedaron Louisiana, Rhode Island, New Hampshire y Vermont. A escala internacional, Italia ocupó el primer lugar por segundo año consecutivo, seguida de Uruguay, Reino Unido, Brasil y Puerto Rico,República Dominicana,Colombia,España y Argentina, Pero México no se queda atras por que apesar de estar abajo en el ranking de pornhub, en en el ranking general global méxico es de los países que más consumen pornografia y donde detaca un 48 % de mujeres consumiendola y 52% hombres, pero a la par Las categorías «Transgénero» y «Transexuales» se encuentran posicionadas como las terceras más populares en el país,Las categorías «Trío» y el consumo de contenido porno de «mujeres trans» crecieron significativamente dentro de las preferencias de búsqueda de los mexicanos.  reflejando un alto interés en este tipo de contenido. , el grupo de edad de 65 años o más fue el que más consumió este contenido, y en la cobertura de Attitude se señala que las personas de 65+ fueron 21% más propensas a verlo, mientras que Alaska apareció con usuarios 28% más propensos a consumirlo que el promedio nacional.

Ese dato no debería usarse para burlarse de nadie ni para patologizar el deseo. El problema no es que exista atracción, curiosidad o consumo sexual; el problema es la hipocresía de quienes convierten a las mujeres trans en objeto de deseo en privado mientras en público respaldan discursos que nos degradan, nos excluyen o nos ponen en riesgo. El deseo no es el escándalo. El escándalo es la crueldad.

Y esa crueldad no ocurre en el vacío. En 2026, la ACLU reporta que está rastreando cientos de iniciativas anti-LGBTQ en legislaturas estatales de Estados Unidos; en una captura reciente del mismo rastreador, la organización reportaba 500 proyectos anti-LGBTQ en el año. A su vez, GLAAD informó en enero de 2026 que documentó más de 1,000 incidentes anti-LGBTQ a nivel nacional en 2025, y que 51% de esos incidentes estuvieron dirigidos contra personas trans y de género no conforme. No estamos hablando de una simple “diferencia de opiniones”: estamos hablando de un clima político y social donde la estigmatización tiene consecuencias materiales.

Por eso estas estadísticas sobre consumo importan políticamente. Porque exponen que la narrativa antitrans no nace de una supuesta indiferencia social hacia nuestras vidas. Al contrario: nace muchas veces de una obsesión. De una sociedad que erotiza a las mujeres trans, pero se niega a reconocernos como sujetas de derechos. Que nos busca en secreto, pero nos niega en voz alta. Que consume nuestros cuerpos mientras desprecia nuestra humanidad.

También conviene decir algo importante: consumir contenido protagonizado por personas trans no vuelve automáticamente a nadie aliado de la causa trans. El mercado del deseo no sustituye la ética ni el compromiso con los derechos humanos. Una persona puede buscar a una mujer trans en la intimidad y seguir votando por políticas que le quiten acceso a la salud, a la educación, a documentos de identidad o a espacios seguros. Ahí está el corazón de esta doble moral: no se trata de deseo, se trata de poder.

Las mujeres trans no somos una fantasía clandestina para consumo desechable. Somos personas con dignidad, historia, ciudadanía y derechos. Si una sociedad puede consumir masivamente contenido de mujeres trans, entonces también puede —y debe— garantizar que vivamos sin violencia, sin burlas institucionales, sin leyes de castigo y sin discursos que nos coloquen como amenaza. Lo mínimo exigible no es tolerancia; es congruencia.

Porque no hay nada más revelador que esto: miles de incel de la manosfera, mujeres ultracobservadoras y en general antitrans, se empeñan en presentarnos como un “problema público”, vemos que son ellos y ellas quienes tienen graves problemas con su hipocresía, odio y doble moral, los datos muestran que en privado no dejan de mirarnos. Y quizá ahí está una de las verdades más incómodas de este tiempo: no nos odian por invisibles; nos atacan precisamente porque existimos, porque desafiamos sus dogmas y porque su propio deseo les devuelve un espejo que no saben cómo sostener.

Fuentes

  • Out: cobertura de las estadísticas de Pornhub para el Día de la Visibilidad Trans 2026.
  • Attitude: resumen adicional de las cifras 2026, incluyendo el dato de 21% en mayores de 65 y 28% en Alaska.
  • ACLU, rastreador de ataques legislativos a derechos LGBTQ en 2026.
  • GLAAD ALERT Desk, balance nacional de incidentes anti-LGBTQ en 2025 difundido en 2026.
  • https://www.pornhub.com/insights/transgender-day-of-visibility-2026

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Por Jazz Bustamante H.

Es una mujer transgenero,Activista social, ambientalista, política y periodista digital mexicana, actualmente laborando como voluntaria en diversas organizaciones de caridad en Canadá apoyando migrantes y personas LGBTIQ+.

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