No estamos ante errores judiciales ni debates honestos. Lo que ocurre es una estrategia política deliberada: borrar a las mujeres trans del reconocimiento jurídico mientras se protege intacto el poder de las élites responsables de la violencia real.
¿qué pasó en Inglaterra?
En abril de 2025, J.K. Rowling celebraba —puro en mano y whisky servido— un fallo de la Suprema Corte en Inglaterra que redefinió jurídicamente qué es ser “mujer”, excluyendo de forma explícita a las mujeres trans del reconocimiento legal.
Nada de esto fue casual.
Nada fue espontáneo.
Ese fallo no surgió del vacío, sino de una ofensiva política y legal cuidadosamente financiada y articulada.
El rol de J.K. Rowling en el proyecto antitrans
Detrás de ese retroceso histórico estuvo la autora de la saga Harry Potter, quien desde hace años se ha declarado abiertamente en contra de las mujeres trans y ha destinado una parte considerable de su fortuna al financiamiento global del movimiento antitrans.
Ese dinero ha servido para articular campañas políticas, ofensivas legales y estrategias mediáticas cuyo objetivo no es proteger derechos, sino borrar nuestras existencias del marco jurídico y social.
Lo incómodo: lo que no quieren que se discuta
Y aquí viene la parte incómoda.
La que sistemáticamente intentan silenciar.
Hace apenas unos días, el FBI de Estados Unidos desclasificó nuevos archivos relacionados con el caso Jeffrey Epstein. En esa documentación aparece vinculado el nombre de J.K. Rowling.
Resulta profundamente revelador —y perturbador— observar cómo una figura que ha construido su imagen pública sobre el discurso de la “protección de las mujeres”, la “biología” y una moral selectiva contra las personas trans, aparece hoy relacionada directa o indirectamente con el operador de una de las redes criminales de explotación y abuso sexual infantil más grandes de la historia reciente.
El dato que el pánico moral nunca menciona
Aquí va el dato que los discursos de pánico moral jamás incluyen:
En los archivos de Epstein NO aparecen mujeres trans.
NO aparecen artistas drag.
NO aparecen personas no binarias.
Lo que sí aparece, una y otra vez, son hombres y mujeres blancas, millonarias, poderosas y profundamente ultraconservadoras. Las mismas que hoy se presentan como guardianas de la “moral”, la “biología” y las “infancias”.

Como mujer trans lo digo con claridad: el odio antitrans no es una lucha por derechos. Es una cortina de humo.
Mientras se señala a las personas más vulnerables, se protege a las verdaderas redes de poder, abuso e impunidad. Se construye un enemigo ficticio para que nadie mire hacia arriba.
Análisis político
Este patrón no es nuevo. La historia lo ha demostrado una y otra vez: cuando las élites se sienten amenazadas, fabrican chivos expiatorios. Hoy, ese chivo expiatorio somos las personas trans.
Se nos acusa de “peligro” mientras se encubren pactos de silencio, fanatismos religiosos, complicidades selectivas y redes de privilegio que atraviesan tanto a sectores conservadores como a ciertos millonarios blancos “demócratas” y de centro.
Cierre contundente
La historia vuelve a confirmarlo:
El peligro nunca fuimos las personas trans. El peligro siempre estuvo arriba, no abajo.
No nos usen para encubrir su podredumbre.
No nos borren para proteger sus privilegios.
Por:
Jazz Bustamante
(Con información de la red)

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Por admin

Es una mujer transgenero Activista social, ambientalista, política y periodista digital mexicana, actualmente laborando como voluntaria en diversas organizaciones de caridad en Canadá apoyando migrantes y personas LGBTIQ+.

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