Los Juegos Olímpicos le cierran la puerta a las mujeres trans: el COI institucionaliza la exclusión
Bajo el discurso de la “equidad”, el Comité Olímpico Internacional decidió que, rumbo a Los Ángeles 2028, sólo podrán competir en la categoría femenina atletas consideradas “biológicamente mujeres” tras una prueba genética basada en el gen SRY. La medida excluye en los hechos a las mujeres trans y vuelve a colocar sobre las mujeres intersex una política de vigilancia corporal que el propio deporte internacional ya había cuestionado durante décadas. 
No se trata de un simple ajuste técnico ni de una discusión inocente sobre reglamentos deportivos. Lo que el COI hizo fue convertir la sospecha sobre ciertos cuerpos en política oficial. Todas las atletas que quieran competir en eventos femeniles olímpicos y en procesos clasificatorios hacia Los Ángeles 2028 deberán someterse a una prueba genética única para verificar la presencia del gen SRY, que el organismo usa como criterio para definir quién puede entrar a la categoría femenina. Reuters reportó que esta decisión “esencialmente” impide la participación de atletas trans en pruebas femeniles.
El golpe también alcanza a mujeres intersex y a otras atletas con variaciones en las características sexuales. Aunque el COI contempla excepciones limitadas, como algunos casos de síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos, el corazón de la política sigue siendo el mismo: clasificar cuerpos, filtrar identidades y decidir desde el laboratorio quién merece competir como mujer y quién no. 
Lo más grave es que esta ofensiva se vende como si fuera neutral. No lo es. Es una decisión política. En 2021, el propio COI había presentado un marco de “equidad, inclusión y no discriminación” sobre identidad de género y variaciones sexuales, trasladando gran parte de la regulación a las federaciones internacionales. Ese esquema ya venía siendo erosionado por organismos como World Athletics, que en 2025 lanzó una consulta para endurecer reglas de elegibilidad y establecer controles previos en la categoría femenina, todo bajo la idea de “preservar” esa categoría. 
Es decir ante la consolidación de una agenda global que usa la palabra “ciencia” como coartada para restringir derechos. El problema es que cuando la “ciencia” se pone al servicio de la exclusión, deja de ser una herramienta de conocimiento y se convierte en un aparato de control. La historia del deporte está llena de ejemplos de eso: test de sexo invasivos, humillaciones públicas, persecución contra mujeres racializadas, vigilancia sobre cuerpos que no encajan en la feminidad hegemónica. Lo que hoy regresa con otro nombre es esa misma violencia institucional.
La reacción desde Francia fue contundente. La ministra de Deportes, Marina Ferrari, calificó el regreso de estas pruebas como “un paso atrás” y advirtió que existen objeciones éticas, legales y científicas serias. Recordó además que pruebas de este tipo habían sido abandonadas en 1999 por las fuertes reservas de la comunidad científica respecto de su pertinencia. También subrayó que esta política ignora la diversidad biológica de las personas intersex y abre la puerta a un enfoque reductivo y estigmatizante. 
Y ahí está el punto de fondo: cuando las instituciones deportivas dicen que quieren “proteger a las mujeres”, en realidad deciden qué mujeres cuentan y cuáles serán expulsadas. No protegen a las mujeres trans. No protegen a las mujeres intersex. No protegen a las mujeres que se salen del molde corporal que el poder considera aceptable. Protegen una idea estrecha, vigilada y disciplinaria de feminidad.
El olimpismo, que presume universalidad, vuelve a mandar un mensaje brutal: hay cuerpos que pueden representar a la humanidad y hay cuerpos que deben ser examinados, sospechados y apartados. Eso no es justicia deportiva. Eso es exclusión con medalla institucional.
Defender la participación de las mujeres trans no es negar el debate deportivo. Es negarse a aceptar que el precio de competir sea renunciar a la dignidad. Ninguna política que humille, clasifique y expulse a personas trans e intersex puede presentarse como progreso. El deporte no se limpia excluyendo. El deporte se dignifica garantizando derechos.
Fuentes
• Observatorio Andaluz LGTB, “El deporte de élite retrocede: El COI excluye a mujeres trans e intersex de los Juegos Olímpicos”, 27 de marzo de 2026. 
• Reuters, “Transgender athletes barred from female category events”, 26 de marzo de 2026. 
• Reuters, “France hits out at IOC’s step backwards on gender testing”, 27 de marzo de 2026. 
• IOC, referencia al marco de 2021 sobre equidad, inclusión y no discriminación. 
• World Athletics, consulta sobre elegibilidad femenin
Visitas: 31
